Sorpresa en un pequeño río

En esta ocasión traemos a la luz una entrada que no nos dio tiempo a publicar el año pasado. Se trata de crónica de una mañana de pesca en un pequeño río a principios del mes de Mayo y que recuerdo con especial cariño. Una jornada casi imprevista en un coqueto escenario.




Algunos gobios pescados con enchufable.

Con la llegada del mes de Mayo llega el momento en el que los barbos y las carpas empiezan su época de deshove. Es, por tanto, el momento de cambiar de escenarios y buscar otras pescas. ¿Por qué no variar un poco y pescar al lance, a mosca o buscar la minitalla con la enchufable o la pardillera.? Hay que dejar que los grandes puedan reproducirse tranquilos.

Tuve que coger el coche para hacer una gestión lejos de casa y decidí dar un pequeño rodeo a la vuelta y pescar una horas en un pequeño río donde se que habita bastante minitalla. Con mi pequeña enchufable en el maletero mi idea era intentar hacer una pesca mixta de pequeños peces: bogas, gobios, calandinos y quizá cachos o algún barbito que se acercase a curiosear. Buscaría una zona del río sin mucha corriente e intentaría presentar el cebo a ras de fondo.

El puesto elegido.

Al llegar, ya con la mañana avanzada, observe el río desde el puente de la carretera y el día no invitaba mucho al optimismo. La corriente era mucho mayor de lo esperado y el río bajaba bastante turbio. Seleccioné una zona del río de 15 metros de anchura donde la corriente principal discurre pegada a la orilla contraria. De esta forma, en mi orilla encontraba una corriente secundaria (con muy poco tiro) en contra de la corriente principal que me pareció muy apropiada para la pesca que pretendía hacer.

Todo un clásico: Record 515.
Para cebar llevaba un engodo no muy utilizado hoy en día pero de una gran calidad: Record 515. Se trata de un engodo clásico de Sensas (he visto un catálogo de principios de la década de los 80 donde ya se ofertaba) destinado a la pesca de pequeños peces, en especial alburnos. Y aunque fue concebido para la pesca de velocidad de estos pequeños peces, atrae a todas las especies de minitalla. Mi idea era mezclarlo con algo de tierra de somme dependiendo de la profundidad y de la corriente que me encontrase. Finalmente lo mezcle en una relación de 2 parte de tierra por cada 3 partes de engodo. Dado el estado del río, buscaba que el engodo bajase más rápido y la nube se formase a más profundidad.

Pequeñas bolas de engodo para atraer a los gobios.

Los cebos para buscar gobios y bogas fueron pinkis y fifies. Los tenía en casa de algunas jornadas anteriores y no me compliqué mucho. Imagino que el ver de vasse hubiese funcionado mucho mejor ese día pero no lo llevaba conmigo. Incluso me pareció que, dada la turbidez del río, hubiese funcionado bien la lombriz pero tampoco llevaba. Me la jugaba a una carta.

Pinkis y fifies.

Mi idea inicial de utilizar delicados flotadores de quilla metálica y líneas de pequeño diámetro fue descartada casi de inmediato. Rebusqué en el cajón de mi panier y encontré un flotador de 4x16 con una antena bastante portante montado sobre una línea de 0,16 mm. Aquello era mucho más grande de lo que pensaba utilizar inicialmente pero creo que fue una decisión acertada.

La línea de la jornada.

Los bajos que tengo montados para estas ocasiones son muy sencillos. Tengo un pequeño estuche de Stonfo para los pocos días del año que cojo la enchufable o la pardillera. Son una pequeña selección de anzuelos bastante delicados para la pesca de peces pequeños en diámetros de 0,10 a 0,14mm. Se trata en todo caso de bajos cortos (15 cm) montados con anzuelos Drennan Red Maggot, Kamasan B520 y Kamasan B511 (este último para pescar con pan de molde). Cuando mi amigo y colaborador del blog Jorge Almeirim nos describió los materiales para pescar en Penacova (ver artículo de Jorge) ambos bromeamos con que mi caja de bajos hubiese sido perfectamente válida para pescar las bogas portuguesas... Casualidades internacionales.

Mi selección de anzuelos para la pesca en pequeños ríos.
Con todo preparado cebe con 5 pequeñas bolas de engodo a unos 6 metros de la orilla. Seleccioné esa distancia porque al sondear encontré un fondo bastante liso de arena que parecía adecuado para la pesca que pretendía hacer. Los gobios no tardaron más de 10 minutos en aparecer. En todo caso era gobios de buen tamaño que resultaban divertidos de pescar con mi pequeña caña. En cambio las bogas, los cachos y demás minitalla presente en este escenario no dio la cara en ningún momento.

El tamaño típico de los gobios de la jornada.

Y cuando ya llevaba unos cuantos gobios en el rejón y empezaba a tener cierto ritmo sufro un parón. ¿Donde se han metido los peces? Saco la linea varias veces, cambio el cebo, retoco los plomos y empiezo a rebuscar por el pesquil. De repente pequeña picada, clavo y el pez se queda quieto. No me doy cuenta de que he realmente he clavado un buen pez hasta que empieza a dar extraños tirones y a girar sobre si mismo de una manera extraña... En un principio pensé que sería un barbo pero la lucha no se correspondía con este pez. Tras varios tirones en la corriente principal el pez subió a la superficie... ¡Era una trucha común! 



Fue una auténtica sorpresa. Cierto es que ahora, pescando a mosca, saco algunas truchas comunes pero no por ello pierdo la ilusión cuando capturo uno de estos peces. Si el barbo es el rey del río, la trucha es la reina. La satisfacción por sacar uno de estos maravillosos peces puede dejarme una sonrisa en la boca durante varios días.


Después de este magnifico pez volvieron los gobios. No diré que no fuesen divertidos pero sacar aquel pez eclipsó al resto. Saqué varias decenas de peces más pero creo que aquella trucha convirtió una jornada de tantas en una jornada especial. Después de 2 horas y media en el río decidí recoger para llegar a casa a comer. Fue un rato corto de pesca y algo extraño pero volví a casa con una sonrisa en la boca. ¡Qué sorpresas da el río!


Texto: Daniel Porto. Fotos: Daniel Porto.

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