Vacaciones a mosca 2019: aprendiendo a pescar truchas


En 2019 tenía las mismas fechas de vacaciones que en el año anterior y una idea se repetía en mi cabeza: volver a disfrutar del río y la pesca a mosca como lo había hecho en 2018. Sólo que este año pensaba "complicarme" un poco más y dejar descansar a mis queridísimas bogas. Las truchas pasaban a ser mi objetivo número uno. 

Siempre aprovecho mis vacaciones para pescar. Aunque solo sea un rato cada tarde, o las primeras horas de cada mañana, allá donde voy llevo conmigo la caña. Mis habituales vacaciones en Francia de los últimos años pescando a inglesa o al feeder están narradas en este blog. Y mis vacaciones de 2018 donde decidí centrarme en pescar a mosca en el río en busca de bogas pueden leerse también por aquí. Este año, con el buen sabor de boca que me dejó el 2018, volví a centrarme en pescar a mosca. Y este año, la nueva vuelta de tuerca consistía en convertir las truchas en mi objetivo. 


Los 15 días que disfruto en verano se repartirían entre la sierra de Madrid y la montaña leonesa, en la zona de los Argüellos, al norte de la provincia. La sierra de Madrid no necesita mayor presentación. Es todo un remanso de naturaleza y tranquilidad a una hora de la gran urbe. Aunque es cierto que es una zona algo saturada los fines de semana, los días de diario la actividad y las visitas son mucho menores y la tranquilidad reina en esa parte de la comunidad madrileña. En sus maravillosos embalses y ríos he dado mis primeros pasos en la pesca a mosca y todavía puedo aprender muchísimo en sus aguas.

Un pequeño paraíso a una hora de la ciudad.

León es, para los pescadores de mosca españoles, el destino de referencia. Un pequeño paraíso para los amantes de la pesca pero también un destino ideal para los que nos gusta la montaña, la naturaleza y la gastronomía. Decidimos pasar unos días por la zona de Los Argüellos, muy conocida por las Hoces de Vegacervera, las Hoces de Valdeteja o la cueva de Valporquero. Y con los ríos Torío, Curueño, Bernesga y Porma a escasos minutos de nuestro alojamiento. Todo un sueño para el novato que quiere dar sus primeros pasos en busca de truchas.

Mis aparejos

Mis ninfas para las jornadas madrileñas

Mi pesca a mosca, como ya saben los que me leen habitualmente, no es nada corriente. Creo que podría definirse como "básica". Incluso creo que muchos ni siquiera lo consideran pescar a mosca. Suelo recorrer el río con una caña telescópica sin carrete ni anillas de 3 metros. Un nylon trenzado terminado en un señalizador de picada, una microanilla y el bajo completan mi aparejo. Suelo pescar con pequeñas ninfas, bien sean perdigones o ninfas más tradicionales. Las secas no suelen salir de la caja. Con el radio de acción que me da esta caña no suelo llegar donde me gustaría posarlas. Y, dada mi inexperiencia, tampoco conozco los patrones y las imitaciones que suelen funcionar. Todo se irá mejorando. Todo se irá aprendiendo.

Tramo de alta montaña madrileño.

Tramo de alta montaña madrileño.

Tramo de alta montaña madrileño.

Con estos conocimientos, este equipo y esta experiencia previa decidí que era momento de intentar atrapar alguna trucha. En Madrid seleccioné dos cotos: uno de alta montaña en el que me apetecía intentarlo más por su entorno que por verme con posibilidades de capturar algún pez y otro mucho más familiar para mi, un tramo medio donde he pescado muchas bogas y que conozco muchísimo mejor.

Pequeñas truchas serranas.
La experiencia de pescar el coto de alta montaña me encantó. Enseguida me dí cuenta donde se situaban las truchas e incluso saqué alguna a pez visto, algo totalmente nuevo para mi. En todo caso se trataba de truchas de tamaño muy pequeño pero muy divertidas de pescar con mi cañita. El entorno es insuperable y la tranquilidad absoluta. Pesqué en todo momento a ninfa y luego me enteré que el escenario y el momento del año pedían hacerlo a seca. Tengo mucho que aprender.  No me crucé con nadie hasta pasado el medio día cuando mi amigo Roberto, que sabía que estaba por allí, "trepó" con la bici para hacerme una visita. A él le debo las mejores fotos de la jornada.

Tramo medio madrileño

Algunas bogas iban tomando mis pequeñas ninfas
El resto de los días decidí quedarme en el tramo medio. Empiezo a conocer el río y donde suelen colocarse los peces y, pescándolo despacio, conseguí ir alternando bogas y truchas. Casi había pasado la mitad de las vacaciones y estaba muy contento. Aunque no pesqué todos los días (los fines de semana de verano ni me acerco al río), todos las jornadas de pesca habían terminado con al menos un par de truchas en mi haber. Ahora tocaba "jugar fuera", en territorio desconocido. Las expectativas eran altas pero sabía que no sería fácil.

Tramo medio del río Torío.

Tramo medio del río Torío.

Tramo medio del río Torío.
 
En León decidí empezar por el tramo medio del río Torío ya que tenía buenas referencias y podía ir andando desde nuestro alojamiento. Pero en cuanto lo pisé supe que iba a tener que esforzarme mucho para capturar alguna trucha. Siendo el río más ancho y profundo a lo que estoy acostumbrado y con unas aguas muy claras, las truchas me divisaban en cuanto asomaba la cabeza. Con mi caña de 3 metros con alcance limitado y sin saber donde suelen situarse las truchas en este río la misión se volvía complicada. Por suerte, y gracias a algunos amigos de Facebook, sabía más o menos que ninfas podían funcionar. Probando aquí y allá y batiendo mucha orilla conseguí quitarme el bolo con dos truchas de unos 15 cm. Quedaba claro que León y sus ríos no me iban a regalar un festival de capturas.

Río Torío, Hoces de Vegacervera.

Río Torío, Hoces de Vegacervera.

Siguiendo el consejo de algunos conocedores de la zona, las siguientes mañanas remonté el río hasta la zona de las Hoces de Vegacervera en busca de mejores resultados. Y creo que el cambio fue para bien. Además de conseguir multiplicar mis picadas, solo por pescar entre esas moles de roca, el viaje merecía la pena. Pescar en un entorno así, con un río de aguas transparentes y peces maravillosos debería ser una experiencia que todo pescador debería disfrutar alguna vez.

Una sola jornada fui a pescar por la tarde, hasta el sereno, a un río del que siempre he escuchado historias: el Curueño. En homenaje a mi amigo Luis decidí dejar las ninfas en el coche y pescar exclusivamente a seca. Quería "brindarle" una captura a seca en ese río. Pero no pude librar el bolo, fallé el día en el más ganas tenía de triunfar. Probé mucho, recorrí mucho río en busca de los rincones en los que alcanzar las posturas de las truchas con mi caña pero fue en vano. Hice subir a bastantes truchas a mi mosca pero estuvo claro que no les ofrecí lo que querían. Por un instante tuve un ejemplar prendido de mi anzuelo pero saltó en busca de la libertad y se zafó de mi engaño. Luis, volveré. O quizá volvamos juntos. Apúntalo en la lista de pendientes.


Terminaban las vacaciones de verano. Todos los días salvo uno había conseguido engañar a alguna trucha. Había conocido tramos nuevos en Madrid y había hecho mi primera visita a León. El sabor de boca que me dejaba la pesca era magnífico. Me sigue sorprendiendo las sensaciones tan positivas que me dejan estas jornadas. Pescar en escenarios tan bonitos y estar tan cerca de la naturaleza te enamora.

Lo pasé realmente bien pero también comprendí que tengo un montón de limitaciones. Con las tres ninfas que sé montar y con mi caña de coup no basta. Es hora de aprender a lanzar correctamente. De aprender a montar y a utilizar moscas secas (al menos de forma básica). Tengo que aprender a situarme en el río y entender el comportamiento de las truchas... Queda mucho camino por recorrer. Toca ponerse a estudiar.

Texto: Daniel Porto. Fotografía: Daniel Porto.

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.