Pescando bogas a la inglesa

En esta ocasión os traigo la descripción de una jornada de pesca en la que se unen mi técnica preferida (la pesca a la inglesa) y mi especie predilecta (la boga).  Una jornada de pesca maravillosa en la disfruté de decenas de capturas.

Si tuviese que elegir un solo pez, no tendría duda. Para mi no hay pez como la boga.

Ya avanzado el mes de Mayo, en esta primavera que ha recordado mucho a un invierno suave, decidí dedicar una jornada a pescar bogas a la inglesa. Había estado observando la actividad de estos peces en las semanas anteriores y me pareció que podría ser el momento ideal para intentar disfrutar de esta pesca. La subida y el desove ya parecían haber acabado y los peces seguro que tenían ganas de comer. Quizá quedasen algunos peces en el río pero los que ya habían vuelto al embalse parecían bastante activos.

Quizá la boga más grande de la jornada.
Del escenario no diré mucho más de que se trata de un pequeño embalse que recoge mucho agua de la montaña y que suele verse bastante afectado por el viento. La profundidad en la zona elegida no llegaba a los 2 metros a 15 metros de la orilla y el agua más turbia de lo habitual, algo comprensible después de una primavera así. Con la idea de pescar a la inglesa, las condiciones parecían bastante propicias. Todo quedaba en las manos del pescador.

Caña Daiwa Team Daiwa 3,90m.

Hilo Awa-Shima de 0,16 mm.

La caña que elegí para esta jornada fue una inglesa de Daiwa de 3,90 metros con una potencia de lance de entre 1 y 10 gramos y acción progresiva. Perfecta para lanzar pequeños flotadores con hilos finos pero con una reserva de acción suficiente para traer peces mucho más pesados que las deseadas bogas. Dudé bastante con la línea a usar. Al final me decidí por una línea de 0,16 mm que me ayudaría a presentar pequeños flotadores pero que me permitiría enfrentarme a los peces grandes si aparecían en mi puesto.

Bajos de 40 cm montados en 0,10 y 0,12 mm.

Los bajos que utilicé fueron de 0,10 y 0,12 mm pero llevaba bajos de 0,08 mm por si las cosas se ponían difíciles. Los anzuelos elegidos fueron Kamasan B532 y Kamasan B520 en números 18 y 20. He de decir que los anzuelos rojos (B532) funcionaron peor que los bronce (B520).

Plumas de pavo preplomeadas con antena insertada.

Las veletas que seleccioné para esta jornada fueron principalmente plumas de pavo preplomeadas de pequeño gramaje con antena insertadas. Con la profundidad descrita y efectuando lances de 15 metros no es necesario veletas de más de 2,5 gramos. Soy un gran aficionado a las veletas con antena insertada: para la pesca de la boga toda sensibilidad es poca.  Las veletas iban sujetas a la línea con una pieza de silicona con un emerillón. Las ventajas de este montaje son varias: facilidad para cambiar por otro flotador, da cierta rigidez al montaje por lo que evita enredos y permite al flotador doblarse completamente al clavar.

El montaje elegido.

Tuve especial precaución con el sondeo del pesquil. Aunque me situé en una zona de fondo bastante uniforme quería medir profundidad con mucha exactitud.  Mi intención era pescar con el cebo levemente apoyado en el fondo. Suponía que las bogas comerían con parsimonia y mi idea era apoyar los dos últimos centímetros del bajo en el fondo. Quería que el cebo reposase pero no apoyar demasiado para no perder sensiblidad.

Engodo muy fino mojado un par de horas antes.

Como engodo llevé uno de los engodos más polivalente que conozco: Sensas 3000 Gardon en su versión "fine monture". Con mínimos retoques, este engodo se puede adaptar a casi cualquier pesca. No suele faltar en mi estanteria. Tomé la precaución de cribar el engodo antes de mojarlo para utilizar la parte más fina y mojarlo un par de horas antes de empezar a pescar. El resultado que buscaba era un engodo fino, que se abriese con rapidez y que no dejase demasiado rastro al bajar al fondo.




Utilicé como cebo pinkies y fifies rojos. Probablemente usando ver de vase hubiese obtenido más picadas pero no lo pude conseguir. De todas formas, estos cebos se comportaron a la perfección. No puedo decir cual de los dos me reportó más capturas. Aunque hubiese apostado por el pinkie, el fifie rojo me dio un magnífico resultado.



Mantuve un montaje lo más sencillo posible: en todo caso el plomeado se concentraría en la base del flotador salvo tres plomos del número 8 que colocaría separados por encima del bajo. Esto supondría una caída lenta que, en caso de que las bogas se separasen del fondo, permitiría su captura con el cebo a la caída. Como se puede apreciar en las fotos, puse dos topes de goma consecutivos para marcar la profundidad. Colocando dos se evita que el flotador se mueva al clavar al pez o al lucharlo.

El tamaño medio de las bogas fue muy pequeño.

La jornada transcurrió más o menos según lo esperado. Eso si, en los primeros 30 minutos no observé ni el más mínimo atisbo de actividad en el pesquil. Quizá las 8 bolas tamaño mandarina que lancé como cebado inicial espantasen a los peces o quizá yo no encontré la forma en la que estaban comiendo pero lo cierto es que la antena de mi veleta no registro ningún movimiento. Hasta que no pasaron cerca de 40 minutos desde el cebado no vi la primera picada.

Siempre captura, respeta  y suelta.

Y no fue hasta la tercera picada cuando conseguí tocar escama. A partir de eso momento los peces fueron a más. Manteniendo la atracción con pequeñas bolas de engodo cada pocos minutos tenía picadas constantes. Me sorprendió mucho el tamaño medio de las bogas. Mucho más pequeñas de lo habitual. Saqué bastantes, si, pero la mayoría muy pequeñas. Y las pocas grandes que salían, venían bastante "machacadas". Se nota que la freza ha sido dura y eso implica falta de algunas escamas y aletas y cola con heridas. Al menos sabemos que si la freza sale adelante, el futuro está asegurado.




Texto: Daniel Porto. Fotos: Coral Rubio y Daniel Porto.

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